Autoestima

«No lo sé, pero llega un punto en tu vida que no quieres nada, que por mucho que te digan algo o te den ánimos te sientes mal y ya. Llega un punto en tu vida, que odias muchas cosas y que por muy duro que intentes aparentar te llegas a romper. La verdad es que después de todo, puedo pasar horas y días llorando por no sé qué, por algo, pero al día siguiente me siento relativamente bien. Lo gracioso es que la soledad, pero la verdadera soledad, es sentirse solo aun sabiendo que tienes a mucha gente que te quiere».

Dicen que a cierta edad las personas nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina y que nos volvemos inexistentes para el mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años muy jóvenes, y de las figuras delgadas y espectaculares. Yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi existencia como ahora, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfrute tanto de cada momento.
Ya no pretendo ser una princesa de cuento de hadas. Descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y grandezas, que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás.
Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui, sonrío a la que soy.
Asumo y celebro mis contradicciones. Valoro el camino recorrido, la experiencia que me han dado estos años.
Qué bueno es no sentir el desasosiego permanente que produce el correr buscando que todos me acepten y me quieran.
Qué bueno es respetarme.
Que privilegio haber finalmente comprendido que la magia, la felicidad y el poder están dentro de mí.

2 comentarios sobre “Autoestima”

  1. Nunca como hoy fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi vida. Ahora sé que no soy el príncipe azul del cuento de hadas y que no necesito salvar a una princesa, que vive en una torre, ni tengo a un dragón con el cual luchar.Hoy me reconozco un hombre, capaz de amar. Sé que puedo dar sin pedir, pero también sé que no tengo que hacer nada, ni dar nada que no me haga sentir bien. Por fin encontré, hasta ahora, al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas. Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecto, de estar lleno de defectos, de tener debilidades, y de equivocarme, de no responder a las expectativas de los demás y hasta hacer algunas cosas indebidas.Y a pesar de ello, sentirme bien.
    Descubrí que muchas personas me respetan y me estiman por lo que soy, si,… así un poco loco, mandón y muchas veces terco y cascarrabias.Pero también honesto, conversador, sensible, humilde y a veces por algún motivo, triste, porque también tengo mis muchos momentos tristes, esos en que pongo mi cara hosca con aires de pedante y aunque no lo demuestre, tenga ganas de llorar.
    Cuando me miro al espejo ya no busco al que fui en el pasado,… sonrío a lo que soy hoy,… me alegro del camino andado, y asumo mis errores. ¡Qué bien no sentir ese desosiego permanente que produce correr tras los sueños! ¡Qué bien! Creo, estoy aprendiendo a tener paciencia. El ser humano tarda mucho en madurar,… ¿verdad?
    Hoy sé, por ejemplo, que la verdadera felicidad no es encontrar a alguien que te ame. No… La felicidad, es que yo ame a alguien verdaderamente,alguien a quien no puedo obligar a que me ame, alguien que no podré retener más de lo que ella misma quiera, aun cuando nunca quisiera tener que dejarla. Alguien, que es posible, no aprecie la buena voluntad de mi amor. Alguien, que con seguridad me hará entristecer mucho. Alguien a quien deberé eternamente, el haber encendido el amor en mi pecho y por ello pagaré el precio en cuotas de ansiedad, desasosiego y tristeza. Pero, a ese alguien, le deberé el precio de la felicidad… Y si no funciona y llega el momento de partir, me despediré, sin rencores, diciéndole: ‘Gracias por dejarme amarte…Adiós’
    También hoy sé que mis amigos y amigas son aventureros del mismo camino, y que en cualquier momento nos encontramos y nos queremos. Hoy sé que un día, como reza en Eclesiastés, “(…) hasta los propios de tu casa te traicionaran”. Pero que el acto más noble de un hombre es el perdón. Que hay mucha grandeza en perdonar y mucha ignorancia y miseria interior en mantener orgullos tontos. ¡Qué Dios perdona, pero el tiempo no! Hoy sé que nadie es responsable de mi felicidad, sólo yo!!!
    Hoy sé, que mis hijos no son míos, que son prestados y que un día partirán a cumplir con su destino. Que soy responsable de ayudarlos forjar su espíritu y a templar su honra. Y que el día que vuelen del nido, no debo sentirme triste. Debo admirar su vuelo, como cuando admiro el de una mariposa.
    Hoy sé que la vida es bella… Porque la he visto partir ya muchas veces. Que es bueno, lo mismo un trago de ron, que sembrar una planta, que leer un libro, o bailar, o cantar…, siempre y cuando se haga con placer… Hoy vivo la vida así como es, bonita con sus ires y venires, con sus amores y desamores, con sus ratos de marea baja, con sus puestas de sol, con su ruido incesante. Sólo quiero dejarla correr. No quiero pedirle nada. Sólo quiero tener lo que yo me busque, sólo quiero lo que yo merezca.
    Hoy me doy cuenta que crecí…, que ya soy un HOMBRE.

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