
Las veinticuatro horas del segundo domingo de Mayo no son y ni siquiera lo son todas las horas de todos los domingos del año, suficientes para convocar las cualidades de una madre, el entrañable sentimiento que se siente cada mañana con su trago de café.
Ese día entreguemos la más pura de las frases a quien nos trajo a este mundo, entremos de nuevo al reino de sus brazos y digamos a su oído: ¡Felicidades Mamá!





