Hablar de sexo

 

El sexo es un aspecto importante en la vida de las personas. Estamos rodeados de elementos que nos lo recuerdan constantemente: anuncios, música, series, películas, revistas… Sin embargo, en contra de lo que pudiera esperarse, hablar de sexo sigue siendo muy complicado para la mayoría de nosotros.

A pesar de todos los avances sociales que se han producido en las últimas décadas, el sexo tiene cierto aire de tabú. Ya sea con nuestras parejas, amigos o familiares, abrirnos a otras personas y hablar sobre este tema puede hacernos sentir muy incómodos.

La explicación más sencilla a esto es que, muchas veces, al hablar de sexo estamos compartiendo aspectos muy íntimos de nuestro ser, elementos aún censurados o incómodos para la sociedad. Y esto, lógicamente, genera reticencia.

La mayoría de nosotros hemos sentido en alguna ocasión que somos diferentes a los demás en algunas cuestiones sexuales. Aunque algunas personas realicen prácticas menos habituales, ningún acto que implique sexo consentido entre dos adultos tiene que ser negativo de base.

Por eso, lo primero que debemos hacer para hablar de sexo cómodamente es aceptar aquello que nos hace distintos; por lo general, si somos capaces de abrirnos, nos sentiremos más liberados y satisfechos gracias a poder expresar nuestros pensamientos y sentimientos.

El miedo al rechazo es uno de los que más nos impide hablar de sexo con nuestra pareja: mantener relaciones con otra persona nos puede hacer sentir muy vulnerables.

Este miedo puede provocar que no expresemos delante de nuestra pareja lo que nos gusta o nos apetece hacer. Y el problema de actuar así es evidente: si no le decimos al otro lo que queremos, es prácticamente imposible que terminemos satisfechos con la relación sexual.

Por eso, si queremos disfrutar plenamente del sexo, tendremos que aprender a abrirnos a la persona con la que vayamos tener el encuentro y sincerarte respecto a nuestros gustos, preferencias y expectativas.

En este sentido, hablar de sexo con la otra persona puede servir como una manera de generar más confianza entre los integrantes de la pareja, de manera que esta apertura a la temática sexual cumpliría una doble función

Por último, algunas personas consideran que hablar de sexo es innecesario. Esta creencia irracional nos lleva a pensar que todos tendríamos que saber de forma innata lo que le gusta a nuestra pareja y, por tanto, tememos que preguntar pueda ser considerado como un indicio de que no hemos estado a la altura.

Esta manera de pensar es tan dañina como falsa. La realidad es que el placer sexual es muy complejo y que cada persona es un mundo. Es imposible saber de antemano qué hace disfrutar a cada individuo.

Por lo tanto, comunicarnos con nuestra pareja es esencial para disfrutar plenamente de nuestros encuentros. Solo así se puede llegar al conocimiento de lo que la otra persona desea y espera. Esto, por supuesto, debe ser un esfuerzo mutuo: ni nosotros podemos conocer completamente los gustos de la otra persona sin preguntar, ni esta debería tener que adivinar los nuestros.