hablar de tus sentimientos

“Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”.

-Diógenes

 

Seguro que alguna vez te has planteado con quién es más acertado compartir tus sentimientos. No todas las personas son receptivas ni adecuadas, por muy cercanas que parezcan. Asimismo, hay quien, con toda su buena fe, acaba haciéndonos el comentario más desafortunado, dictando consejos cuando solo buscamos que nos escuchen. Por ello, es bueno tener algunas pautas que ayuden a la intuición a la hora de identificar a los mejores en este papel.

Algo que nos repiten con frecuencia es aquello de que compartir lo que sentimos con otros es algo tan positivo como catártico. Sin embargo, un aspecto que no siempre se puntualiza es que no todas las personas están habilitadas para ser partícipes de esa artesanía emocional.

Si hacemos un recorrido por el pasado, seguro que en algún momento habríamos dejado de compartir nuestro dolor, alegría o sorpresa con alguien. Es algo que ocurre con frecuencia. Pensamos que esa amiga, que ese compañero de trabajo o incluso que esa hermana puede ser receptiva a nuestros sentimientos.

Sin embargo, al poco nos encontramos con que ese alguien no supone el refugio que imaginábamos: no le concede ninguna importancia a aquello que a nosotros nos encoge por dentro. También están los que nos juzgan o los que sencillamente son muy torpes en este tipo de situaciones sociales: son capaces de ponerse en nuestro lugar, pero luego no saben volver al suyo y ayudarnos.

Compartir tus sentimientos no es una forma de comunicación, sé cuidadoso

Hay quien no aplica filtros. Hay quien no tiene problema alguno a la hora de sincerarse con quien el azar sitúe cerca. Son esas personas que comparten todo pensamiento y sentimiento con compañeros de trabajo, vecinos o conocidos. Las consecuencias que se derivan de esta práctica indiscriminada suelen ser tan serias como desastrosas.

Por tanto, recordemos ser cautos, prudentes e inteligentes. El hecho de que alguien esté a nuestro lado no le habilita ese alguien para ser el soporte adecuado de nuestra reflexión. Compartir emociones o sentimientos no es una forma más de comunicación, es algo más íntimo y delicado.

Cuando elegimos compartir algo con alguien no esperamos que nos resuelvan el problema. A menudo, solo deseamos a una persona que sea capaz de escuchar y lo que es más importante: comprendernos.

Así, es común sincerarnos con esa persona que no duda en darnos todo un arsenal de consejos y hasta un plan de ruta sobre lo que deberíamos hacer. También están los que son ágiles a la hora de emitir un juicio: ‘es que no tenías que haber hecho las cosas así’, ‘es que eres demasiado confiado’, ‘otra vez te has vuelto a equivocar, está claro que eso no es lo tuyo’…

Todas estas dinámicas son las que debemos evitar. Si deseas compartir tus sentimientos con alguien, elige bien, busca a esa persona hábil para escuchar, cercana para empatizar contigo y capaz de demostrarte una comprensión auténtica.